Qué es lo que vas a encontrar y qué no en mi consulta

Cuando buscamos información en internet sobre un servicio o profesional, normalmente lo que queremos es evitar sorpresas, así que he decidido dejar reflejado aquí qué puedes esperar, y qué, no en mi consulta.

Como habrás leído en mi primera entrada del blog (y si no, te recomiendo que lo hagas, para conocerme un poco mejor) lo que soy ahora no es exactamente lo que esperaba ser en un principio.

Si eres compañera* de profesión puede que te sientas reflejada en las siguientes líneas.

Recuerdo el primer día de prácticas en consulta con mi mentor, el Dr. Ortiz Remacha, allá por el año 2004. Llegaba con mi bata blanca (por supuesto), en la que estaba prendida la chapa verde que mi padre me había regalado al terminar la carrera con mi nombre y, escrito en mayúsculas debajo, “NUTRICIONISTA”. 

Mi sitio era un pequeño taburete de ruedas, a su izquierda, con mi cuaderno de notas. Un buen lugar para no perder detalle de su saber hacer en consulta.

La mayoría de pacientes en una consulta de endocrinología y nutrición, o tienen alteraciones hormonales o buscan perder peso, así que era el lugar perfecto. Una tras otra, las pacientes entraban, conversaban con el doctor, se pesaban y se marchaban con nuevas pautas hasta la siguiente revisión.

Lo primero que me sorprendió fue que, esas pautas NO ESTABAN CALIBRADAS, es decir, no habíamos calculado el metabolismo basal de la paciente, no había cantidades, no había calorías así que, ¿cómo sabíamos que le estábamos dando lo adecuado?. En uno de los descansos lo comenté con Pedro Pablo y, como siempre desde que lo conozco, no me corrigió, me preguntó qué quería hacer, por supuesto le dije que para “hacerlo bien” necesitábamos calibrar, y me dijo “adelante”.

Así que el resto de la jornada me dediqué a recoger los datos que había aprendido que eran necesarios para calcular los requerimientos de los pacientes, y me llevé un buen montón de datos para trabajar en casa. Primer problema. Eran aproximadamente las 21 h de la noche, al día siguiente a las 8.30 h tenía que estar de nuevo en la consulta y no sabía cómo tratar todos esos datos ¿Esperar al fin de semana? ¿Para entonces cuántos pacientes más puedo acumular? ¿Será que no es viable?

A la mañana siguiente, me preguntó por mis calibraciones y no pude más que reconocer que no había tenido tiempo. Y esta fue mi primera gran lección, después vendrían muchas más, sobre todo, a nivel humano, porque esta primera oportunidad me marcaría más de lo que yo misma podía imaginar.

Con el tiempo trabajé en otros ámbitos:

  • En farmacias, allí aprendí qué busca la gente en los “brebajes mágicos adelgazantes”. 
  • En restauración colectiva, entendí que además de tener en cuenta el valor nutricional del alimento, hay que saber contemplar el coste.
  • En supermercado, escuché a muchos comerciales vender sus productos y también a muchas clientas buscando “el milagro”
  • En servicios generales sanitarios, comprendí el trabajo en equipo, el valor de cada pieza de la maquinaria

Y cada una de estas etapas me ha llevado a definir mi trabajo en consulta hoy.

Al principio, la mayoría de personas que entraban a mi consulta lo hacían pensando que nutrición es sinónimo de adelgazar, algo que me resultaba muy frustrante. No es que no me guste esta parte de la nutrición, es que sentía que algo no encajaba. Y empecé a investigar sobre por qué comemos lo que comemos y por qué elegimos unos alimentos u otros. 

También empecé a cuestionarme aspectos que había dado por sentados desde aquellos años de universidad y así, poco a poco, entendí que mi objetivo en consulta era otro.

Sin olvidar que empecé trabajando con deportistas y adultos y mi ilusión era trabajar con los peques de la casa, pero ¿a quién se le ocurriría poner a dieta a sus hijas/os? 

Poco a poco fui dejando de lado viejas costumbres, encontré nuevas herramientas y me demostré a mi misma que otra forma de trabajar era posible. 

Consulta de Mapi Herrero

Podríamos decir que mis “mandamientos” son:

  1. No demonizar ningún alimento
  2. Tampoco exagerar las propiedades de otros
  3. Tener la mente abierta y cuestionar lo que “ahora” sé
  4. Recordar que el tamaño del cuerpo no define la salud, a ninguna edad
  5. No centrar la atención en lo que dice la báscula, a ninguna edad
  6. Contemplar la salud mental, desde el embarazo hasta la edad adulta
  7. Facilitarle la vida a las familias con las que trabajo
  8. Agradecer cada día la confianza que las familias depositan en mi

 

Y así, lejos de las dietas de “vieja escuela”, dando valor al trabajo interdisciplinar y sobre todo poniendo el respeto por encima de cualquier otra cosa, es como trabajo a día de hoy.

Hay ocasiones en que la sesión es un juego (sobre todo cuando es con los peques de la casa), otras veces me gusta utilizar el formato “clase particular” compartiendo una presentación y comentándola con la familia y también hay días que me centro en trabajar aquello que para ti es más útil como por ejemplo leer etiquetas en el supermercado o hacer juntas el menú semanal. 

Tampoco es raro que lo que estaba previsto como una sesión práctica acabe en una charla sobre emociones, cuando esto nos ocurre con cierta frecuencia, prefiero contar con la participación de alguna compañera psicóloga que aporte las herramientas que necesitas para avanzar.

Supongo que ya has deducido qué cosas no vas a encontrar cuando vengas a verme, pero por si acaso te dejo aquí lo más importante:

  • Instrucciones rígidas sobre qué comer o no
  • Juicios sobre la salud de tu familia a través de lo que dice una báscula o una talla de ropa
  • Listados de alimentos buenos y malos
  • Bata blanca
  • Cajas o sobres con suplementos, complementos y demás potingues

Si aun así no tienes claro qué esperar de trabajar conmigo, te invito a reservar “un café con Mapi”. Puedes reservarlo directamente al final de este artículo.

* Te recuerdo que utilizo el femenino genérico, pero si eres compañero o papá, por favor, siéntete totalmente integrado

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