Cómo cambiar hábitos en los peques

Cuando un bebé llega a la familia, es como un lienzo en blanco. Nuestra principal preocupación es hacerlo todo “bien”, no cometer errores, no hacer tachones ni emborronar. Como cuando en el colegio la profesora te daba uno de los folios “especiales”, que en mi caso, eran unos que tenían un galgo dibujado que se veía al trasluz.

Pues lo primero que te diré mamá (o papá) que me estás leyendo, es que esto es imposible, porque la vida está llena de cosas que no controlamos, de momentos imprevistos que nos obligan a adaptarnos y a “recalcular” nuestra ruta, y eso ESTÁ BIEN.

Como te contará cualquier madre “veterana”, las cosas con la alimentación de los peques no siempre salen como planeamos y es que, mientras son pequeños y están el 100% del tiempo contigo, tú controlas, pero en el momento que necesitamos que alguien nos los atienda, y TODAS lo necesitamos tarde o temprano, empezamos a perder el control de la situación.

Como puedes imaginar, aquí la mamá y nutricionista infantil, tenía como objetivo vital que su peque probase los dulces lo más tarde posible (así como a partir de la mayoría de edad, poco más o menos jajajaja) sin embargo, no conté con las actividades de, por ejemplo, la guardería, el colegio, las otras mamás del parque, las merendolas en la piscina, los cumpleaños infantiles…

Entonces, ¿qué hacemos en estas situaciones? Pues como en casi toda nuestra maternidad, adaptarnos y seguir adelante.

¿Podemos meter a nuestro bebé en una caja y evitar que la vida de los demás les afecte? Aunque pudieras, ¿crees que merecería la pena? Yo te respondo, no.

Llegados a este punto, cuando nuestro peque empieza a interactuar con otras personas que no somos nosotras, y que puede que no tengan las mismas preocupaciones que tú en relación a su alimentación, te recomiendo que tengas presente lo siguiente:

 

Lo que importa son los hábitos familiares

Aquí puede que pienses “ah, pues nada, si la señora Conchi le quiere dar cada tarde 3 o 4 galletas, no pasa nada, porque «lo importante es lo que hacemos en casa”. No es tan fácil, querida mamá.

Es verdad que lo que haga alguna tarde la señora Conchi, poco puede afectar a los hábitos de tu peque, pero si es algo habitual y sabes que la buena mujer no entiende otra forma de interacción con los peques que dándoles galletas, pues oye, de vez en cuando tú, das un rodeo o eliges otra zona para estar tranquilos tu peque y tú.

Pero ¿qué hago si mi hija/o ya ha sucumbido al poder de la industria? Pues aquí van algunos puntos clave:

 

1. PROHIBIR

Si te digo que NO PIENSES EN UN MONO MONTADO EN UN ELEFANTE ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza?

Pues exactamente el mismo efecto que tenemos cuando nos dicen que NO PODEMOS comer algo (por eso generan tanta ansiedad las dietas basadas en restricciones de alimentos, dicho sea de paso).

Con esta prohibición, solo vas a conseguir que lo desee con más fuerza, así que “be water my friend” y fluye según la situación.

 

2. NO OFRECER 

No se echa de menos aquello que no se conoce. No sé de quién es la frase original, pero no puedo estar más de acuerdo.

Es decir, si tu peque nunca ha probado el chocolate, no sufre nada por no tomarlo, así que, déjalo estar. La vida se lo pondrá delante tarde o temprano, no te preocupes.

Y si le gusta pero está a otra cosa, no lo ve, no lo pide, no sabe que está ahí, no seas tú (o cualquier adulto responsable) quien le genere la necesidad.

 

3. NO NEGAR

Si tu peque tiene delante ese alimento poco saludable que deseas evitar, lo ideal es restarle importancia y dejar que lo coja. 

Después ya analizaremos cómo evitar esta situación la próxima vez.

Si no, estamos cayendo un poco en lo mismo que el punto número 1. No es prohibición, pero tener algo al alcance y que te lo nieguen, genera mucha frustración, incluso en el mundo adulto.

 

4. SIEMPRE EN POSITIVO

En lugar de enfocarnos en “no comas tantos dulces” o “no comas tan rápido el helado” o “no pidas siempre refresco” vamos a intentar lanzar mensajes en positivo, es decir, poniendo el foco en lo que sí.

¿Cómo lo conseguimos? Lo vemos con un ejemplo:

De terraceo, en lugar de decir “que vas a tomar, no te pidas otra vez refresco que siempre estás igual” podemos analizar nosotros las opciones y decir “que quieres tomar, ¿esto o esto otro?”.

Le estamos dejando elegir, pero acotamos las opciones a algo que a nosotros nos parece aceptable.

 

5. EN EQUIPO

Los cambios se gestionan en familia. Todos tenemos que remar en la misma dirección, no importa cómo es cada hijo, todos tenemos que jugar con las mismas reglas.

Si para un miembro del equipo es aceptable comer o beber lo-que-sea, lo es para todos los demás. Así que, antes de decirle a tu peque que puede o no puede tomar algo, para y piensa ¿qué vamos a tomar los demás?

6.  Sé SU EJEMPLO

Porque en el fondo da igual lo que les digamos, nos están observando todo el tiempo. Así que con ellos no sirve la versión de puertas afuera o de puertas adentro.

Si en casa, no se come pescado (por el motivo que sea) no vamos a conseguir que el/ella lo pida porque sí. 

De nuevo, antes de pensar que tu peque necesita cambiar su conducta alimentaria, párate y piensa ¿cómo lo hace el resto del equipo?

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